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Entradas

Hijos del fútbol

Creo que, en lo que se refiere a la última etapa de su corta vida, mi hijo ha aprendido más jugando al fútbol que estudiando. En el equipo que en el instituto. Que su inteligencia espacial tiene más que ver con tirar un pase al hueco por el que iba a aparecer el extremo que con la Educación Plástica y Visual. Que su inteligencia interpersonal tiene más que ver con ser capitán del equipo y tener que tirar de él en el campo que con ser delegado de clase, y por tanto, el que hace algunos recados, porque para eso están los delegados en la ESO. Que su inteligencia intrapersonal ha madurado más yendo de la titularidad al banquillo que con la capacidad para reflexionar que le inculcaron en clase. Que del trabajo en equipo sabe más por tener que defender todos, y todos bien, muriendo en el campo, un empate en inferioridad los últimos diez minutos, que por presentar un trabajo del tema 10 en el que nos repartimos las páginas, cuatro cada uno.

No sé si es un éxito del fútbol o un fracaso de la …
Entradas recientes

Qué pared tirar

Cuando lo innovador en la escuela es tirar las paredes que separan unas aulas de otras, para crear espacios abiertos, en los que interaccionan alumnos de diferentes edades con maestros distintos, creo que nos estamos equivocando de pared.

Sí, de pared. Porque la que habría que tirar es la de fuera, la que separa la escuela de la calle, de la playa, del parque, del paseo, del kiosko, del mercado, de los mercados, del parlamento, del palacio de justicia, de los CIEs, de los tanatorios, de las cunetas, de las librerias, de los museos, de las vallas fronterizas, de los centros de menores, de los campos de refugiados, de los asilos de ancianos, de los horfanatos, de las narcosalas, de los centros de atención a mujeres maltratadas y de las cárceles.

Eso si sería innovador. Llenaría las escuelas de realidad, aunque las vaciara de programas. Llenaría las escuelas de vida, aunque las vaciara de exámenes. Llenaría las escuelas de experiencias, aunque las vaciara de clases.

Llenaría las escuelas…

Invisibles

Entre las asignaturas pendientes de la escuela está la de sacar a la luz lo que no se ve. Hacer visible lo invisible.

Las personas que viven en la calle, para entender que no son parte del paisaje.

Las mujeres de las que se olvidaron los periódicos y los libros de historia, para entender que cambiaron las cosas.

Las montañas de plástico que quedan en nuestras playas tras la llegada de los que huyen de la guerra, para entender que ellos son nosotros mismos, en circunstancias invivibles.




Los golpes y los gritos que amortiguaron las paredes insonorizadas, para entender que nadie debe soportarlos.
Los rostros de los niños que pagan por lo que no hicieron, para negarse a admitir la bondad de una creación en la que los más pequeños son abandonados.

Por eso, cuando, con ocasión del programa, o a pesar del programa, un educador hace visible lo invisible, ayuda a cambiar la mirada de muchos.

Y así, salva el mundo.

Pd: Gracias, Ana


Asignaturas pendientes

¿A alguien le parece mal que la escuela, la pública y la privada, "adoctrine" en el respeto, o en la igualdad, o en la tolerancia?

Claro que no. Porque la escuela, entre otras cosas, construye sobre los valores en los que se asienta la convivencia entre las personas de la sociedad en la que está presente.

En nuestra sociedad hay maneras muy diferentes de entenderlo todo. Es lo que tiene ser distintos. Y la escuela está ahí, en esa sociedad, y no en su margen.

Detrás que muchos de quienes critican por adoctrinadora a la escuela catalana, o a la escuela cristiana, o a la escuela de este barrio, o de aquel, está una manera de entender la escuela como mera transmisora de conocimientos. Esto es, que si la escuela va más allá de explicar logaritmos, el past perfect simple, la tabla periódica y el funcionamiento del aparato excretor de los humanos, adoctrina. Y eso no está bien.

Pongamos la palabra democracia. La cosa no va de que la escuela adoctrine, sino de que el significante &…

¿Qué significa esto?

Centenares de escuelas fijan entre sus objetivos el siguiente: fomentar el sentido crítico de los alumnos.

La cosa es cómo.

El lunes, los profesores y profesoras catalanes que no viven obsesionados con acabar el programa se dieron de bruces con la pregunta: ¿tomo yo la iniciativa o espero que pregunten? ¿Y qué digo? ¿Hablo o escucho? ¿Hago preguntas o doy respuestas?

(Algunos profes, digo, que otro, imprudente y con la sensibilidad en el culo, le espetó directamente a un adolescente hijo de Guardia Civil si estaba contento con lo que había hecho su padre el día anterior, sin saber si su padre había estado movilizado o de barbacoa).

Nuestros alumnos tendrán la realidad delante a cada momento. En videos y en fotos que se pasan con el dedo. Y la escuela tendrá que ayudar a interpretar.

Es difícil interpretar. Es muy complicado responder a la pregunta "esto, ¿qué significa?"

Algunos interpretan encajando lo que ven en su ideología, la que llevan puesta, en su esquema mental, en …

Me alteras (el orden)

Hay personas que se llaman a sí mismas "gente de orden".

Suelen votar a partidos de centro o de derecha.

Y envían a sus hijos a colegios de la Iglesia, para que las cosas sigan como están. Ordenadas.

Sin embargo, los idearios de los colegios cristianos hablan de que su misión es evangelizar, palabra que viene del griego y que significa "contar una buena noticia". La buena noticia es esta: que los ciegos ven y que los cojos andan (que no sé si os parecerá buena, pero es la que es).

Eso quiere decir que, si los colegios de la Iglesia hacen lo que dicen que hacen, en ellos se atiende primero a los ciegos y a los cojos. Y eso ya es alterar el orden.

Ahí empieza la contradicción: a los colegios cristianos van personas que quieren mantener el orden, pero los colegios cristianos siguen a uno que dedicó toda su vida pública a alterar el orden de las cosas, incluido el orden público. Al que mataron por alterar el orden de las cosas -dejen paso, los pobres delante y los rico…

¿Fuera o dentro? ¿Dónde empieza el aprendizaje?

Tumbado en la cuna, con unos meses de edad, sus ojillos se movían inquietos de un lado a otro. Su madre, inclinada sobre él, le iba mostrando, una tras otra, láminas con dibujos a la vez que decía en voz alta y clara la palabra del objeto o del animal representado en la lámina: vaca, casa, caballo, coche... Y cuando se acababan las láminas, vuelta a empezar: vaca, casa, caballo, coche...

Estaba convencida de que recibir muchos estímulos externos - cuanto antes, y más, mejor - contribuiría a que el niño fuera más inteligente.

Estaba convencida, también, aunque no había pensado nunca en ello, de que el proceso de aprendizaje se iniciaba fuera de la persona.

Y no es así. Los niños llevan de serie un motor interno que les ayuda a descubrir so-los. ¿Sabéis cual es? El asombro.

(Lee a Catherine L´Ecuyer, "Educar en el asombro")