viernes, 31 de marzo de 2017

La belleza (o enfrente)

El Colegio:



El lugar en el que está el colegio:



La pregunta: ¿dónde "damos" la clase?



domingo, 26 de marzo de 2017

Educar en la realidad


Yo llevaba un año tomado notas y ordenando ideas para escribir un libro. Tendría que hablar de la escuela y la realidad. Partía de mi constatación de que muchas escuelas viven a espaldas de lo que pasa más allá de sus paredes. Y de que, en consecuencia, muchos alumnos viven la vida como sin interés por la vida.

Y resultó que el libro ya lo había escrito Catherine L´Ecuyer. Ese trabajo que me ahorro, pensé. A otra cosa.

A lo largo del libro nos lleva varias veces a Platón, que dijo que fácilmente podemos perdonar a un niño por tener miedo a la oscuridad; la tragedia verdadera de la vida se da cuando los hombres tienen miedo a la luz.

"Educar en la realidad" es no tener miedo a la luz.

Esto es, primero, educar desde lo que pasa a nuestro alrededor. Para poder acontecer. Y no ser solo espectadores de lo que acontece.

Segundo, educar poniendo a los niños delante de la belleza. Se sorprenderán. Y aprenderán.

Y tercero, educar con realismo. No pidiendo a los niños que hagan lo que su naturaleza no admite. Porque educar es buscar la perfección de la que es capaz nuestra naturaleza.

Y nada más.







miércoles, 8 de marzo de 2017

Lo innovador, maestros verdaderos

Suele decir Fernando González Lucini que la escuela está para humanizar. Y algunos piensan que vaya cosa, que uno se hace humano por el contacto con otros humanos, en casa y en la calle, en el equipo y en la pandilla, con los primos y con los amigos. Y que la escuela está para enseñar cosas. Ay!

Leo a Catherine L´Ecuyer que solo es humana una educación que proporciona suficientes oportunidades de experiencias interpersonales. Que cuando no hay recuerdos de experiencias interpersonales verdaderas, hay un déficit de humanidad. Y entonces la pregunta es: ¿la escuela contribuye al déficit o ayuda a superarlo?

Para responder a esa pregunta, L´Ecuyer da una pista que merece la pena seguir: es imprescindible que los padres y los maestros entiendan el sentido verdadero de su papel en la educación de los niños: "abrazar, interpretar la realidad con la mirada, contar historias reales, otras ficticias, acoger, redimensionar un problema emocional, corregir un defecto con cariño, ayudar a descifrar cómo se siente uno, recordar un acontecimiento entrañable, desaprobar, prestar atención o ayudar a identificar las limitaciones y las fuerzas (...), actos profundamente humanos que no pueden realizar las pantallas".

A ver si va ser verdad (Ferrán Adriá decía que " a veces innovar es dejar las cosas como están") que lo innovador no es introducir tablets en las aulas sino introducir verdaderos maestros.

jueves, 15 de diciembre de 2016

El reconocimiento a los maestros

Una vez mi hijo se presentó a una carrera infantil popular. Ganó, y le dieron un premio. Y al que llegó segundo, otro premio, igual, y al que llegó tercero, también, y al cuarto, y al quinto, y al vigesimosegundo, y a todos. El mismo regalo a todos. Mi hijo se fue a casa con cara de no entender muy bien el asunto.

Entre las estupideces que he oído estos días en las tertulias de la Radio comentando el Informe Pisa, hubo una que me llamó especialmente la atención. Era la de un señor que decía que el problema de la educación en España estribaba en que no se reconocía el trabajo de los profesores.

Si la profesión docente tuviera un mayor reconocimiento social, nos iría mejor, sin duda. Nos iría mejor a los profesores, pero sobre todo, le iría mejor a la educación y a todos los que educan, que somos todos.

Pero como se lleven el reconocimiento, y digan que con él se premia su trabajo de tantos años, los profesores que se esconden detrás del programa, mal. Los profesores que van a su bola, a su librillo, mal. Y los que no hacen formación porque me vas a enseñar tú a mi, mal también. Por poner dos ejemplos.

Porque los miles de profesores buenos se quedan con cara de tontos pensando, como le pasaba a mi hijo, que da igual correr que no correr, entrenar, que no entrenar, estudiar, que no estudiar, y dar la cara, que dar la espalda.

viernes, 9 de diciembre de 2016

PISA y otras reflexiones (1)

Seguro que si seguís los medios ya habéis oído hablar y opinar acerca de los resultados de PISA. Pero seguro que no habéis oído opinar a ningún alumno, porque la opinión de los alumnos le importa una mierda a todo el mundo. Además, la mayoría de ellos no sabrían contestar si les preguntan por PISA.

La mayoría de los alumnos más mayores opina que la escuela es un coñazo. Y es verdad. Hace tiempo le escuché a Jose Antonio Marina que los vamos a matar de aburrimiento. De hecho, me doy una vuelta por los colegios, hablo con profesores, y me doy cuenta de que a algunos alumnos ya los dan por muertos. Y que solo esperan que alguien retire el cadáver de ahí. La Dirección, el Inspector o quien sea.


Del muermo hemos intentado salir con innovación.


Pero sin profesores con una habilidad comunicativa extraordinaria no hay mejora que funcione.


Y mientras sigamos acumulando novedades sin revestirnos nosotros de novedad, sin cambiar uno, la escuela seguirá oliendo a rancio.

lunes, 10 de octubre de 2016

Educar es combatir

Grande - Marlaska nos dio una definición de educación de las que dan para pensar un rato: educación es dar valores antes de que aparezcan los prejuicios.

Apuntaba el juez, por lo tanto, en tres direcciones: la del qué, la del cuando, y la de contra quién.

La del qué, los valores. Y de entre estos, aquellos que refuercen la ética pública. En contra de lo que muchos quieren ver, la escuela pública y la mayor parte de la escuela de titularidad religiosa llevan años trabajando en la misma dirección: tolerancia y respeto en las relaciones con los que son distintos, igualdad de derechos, libertad y justicia social.

La del cuándo, cuanto antes, y el por qué, porque los enemigos de la educación, los prejuicios (y ya estamos en el contra quien), son más rápidos que Márquez desatado buscando la pole. La falta de respeto, el odio al diferente, y el trato desigual e injusto, viven en las redes sociales y en la opinión publicada.

Y hasta en casa. Por eso educar necesita que familias y escuela pasen más tiempo juntos y hablen de lo que importa.

Hasta que eso pase, educar es combatir.


martes, 4 de octubre de 2016

¿A qué edad aprenden los niños a bailar en tu colegio?

Recuerdo que muchos padres y madres jóvenes, cuando se acercaban a conocer el colegio, me preguntaban con qué edad aprenderían sus hijos e hijas a leer. Cuanto menor era la edad que decía yo, más contentos se ponían ellos (me imaginaba que tenían en casa preparados decenas de libros, desde Manolito Gafotas hasta la Memoria de mis putas tristes, desde Elvira Lindo a García Márquez, en fila, uno detrás de otro, para ser leídos antes de los diez, o de los seis, no sé).

Nunca me preguntó nadie a qué edad aprenden los niños a bailar. A lo mejor porque no les importaba un pimiento. A lo mejor porque a bailar les enseñaban en casa. A lo mejor porque a bailar se aprende en extraescolares. A lo mejor porque tenían una escuela de danza debajo de su casa. A lo mejor porque pensaban que lo difícil, en la escuela y lo fácil, en otro lado (¿quien ha dicho que es más difícil leer que bailar?).

¿Y quién ha dicho que es más importante?